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La Geopolítica de la Infraestructura de centros de datos: la carrera por el oro digital

  • 19 feb
  • 3 min de lectura

En el escenario global contemporáneo, la frontera de la soberanía nacional se ha desplazado de los límites geográficos tradicionales hacia la profundidad de la infraestructura física que sostiene la inteligencia artificial. La discusión estratégica actual sugiere que el mundo se encamina hacia una división binaria entre los países que desarrollan su infraestructura energética y de cómputo de manera sincronizada y aquellos que, al no hacerlo, se verán relegados a una posición de dependencia y consumo de servicios generados externamente. 


La inteligencia artificial ha dejado de ser una mera carrera de algoritmos para transformarse en una competencia por la capacidad de inferencia, la cual depende enteramente del control sobre la energía limpia y la densidad de los centros de datos. Líderes industriales como Arthur Mensch, director de Mistral AI, han señalado que la autonomía tecnológica requiere inversiones masivas en infraestructura baja en carbono, movilizando cifras que alcanzan los 1.2 billones de euros para garantizar que los centros de datos operativos hacia 2027 no comprometan las metas climáticas ni la seguridad energética de las naciones. Esta necesidad de renovación es urgente debido a que la densidad energética requerida por las nuevas unidades de procesamiento gráfico exige una transición hacia sistemas de enfriamiento líquido, volviendo obsoleta gran parte de la infraestructura construida en la última década. En este contexto, el superávit energético se convierte en la nueva moneda de cambio geopolítico, donde la resiliencia energética se eleva a la categoría de seguridad nacional.


Para México y el resto de América Latina, el desafío es monumental pero ofrece una ventana de oportunidad sin precedentes. México proyecta una demanda de expansión para centros de datos que superará los 1,500 MW hacia el año 2030, concentrada primordialmente en el clúster de Querétaro. Sin embargo, el panorama regional muestra un desarrollo desigual que requiere una coordinación de política pública inmediata.


Brasil continúa liderando el mercado latinoamericano con aproximadamente el 45% de la capacidad instalada de la región, mientras que Chile se consolida como un nodo de conectividad gracias a su infraestructura de fibra óptica y su política de puertas abiertas al cómputo en la nube. Colombia y México emergen como los mercados de mayor crecimiento, pero todos enfrentan el mismo riesgo de convertirse en colonias energéticas donde se exporta agua y electricidad para enfriar servidores cuya propiedad intelectual y valor agregado retornan a las potencias tecnológicas. La extrapolación de la discusión internacional sugiere que el nearshoring debe evolucionar hacia un modelo inteligente donde el Estado actúe como un arquitecto de infraestructura compartida, condicionando las licencias de operación a la creación de capacidades locales de inferencia y modernización de la red eléctrica nacional.


No obstante, esta carrera por el oro digital ha comenzado a mostrar sus grietas más profundas. Reportajes de investigación, como los publicados por El País, han puesto el foco en la cara oculta de estos gigantes de silicio, denunciando la presión insostenible sobre los recursos hídricos en zonas de alto estrés y el riesgo de que estos centros funcionen como islas extractivas.


En regiones del centro de México, la crítica se centra en que, mientras se prometen empleos tecnológicos de alto nivel, la realidad suele ser la instalación de naves industriales que consumen millones de litros de agua diariamente para refrigeración, compitiendo directamente con el consumo humano y agrícola.



Existe el peligro real de que la infraestructura energética sea capturada por las grandes corporaciones, dejando a las comunidades locales con redes eléctricas saturadas y escasos beneficios económicos tangibles. La soberanía, por tanto, no solo debe medirse en capacidad de cómputo, sino en la protección de los bienes comunes frente a una expansión que, de no regularse con rigor ambiental, podría profundizar las desigualdades territoriales.


Bibliografía y Referencias:

  • International Energy Agency (2024). Electricity 2024: Analysis and forecast to 2026. (Datos sobre duplicación de consumo energético en centros de datos).

  • Mensch, A. (2025). Infrastructure as Destiny: The 1.2 Trillion Challenge for European AI. Publicado en Bloomberg Technology.

  • El País (2024). "El hambre de agua de los centros de datos en América Latina: ¿Progreso o extractivismo digital?" Sección Economía.

  • DCD (Data Center Dynamics). Latin America Market Map: Brazil, Mexico and the Rise of Querétaro.


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