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Ciudad de México defiende su identidad sin cerrar sus puertas al mundo


Durante las últimas semanas, algunas protestas en la capital del país han manifestado preocupaciones sobre el impacto del turismo internacional y el encarecimiento del costo de vida en barrios tradicionalmente accesibles. Aunque ciertas expresiones han sido marcadas por consignas contra turistas estadounidenses, el enfoque del gobierno no ha sido de confrontación, sino de regulación con perspectiva social y defensa de la identidad cultural.


La administración federal reafirma que México es un país abierto, tolerante y diverso. No obstante, también es legítimo exigir que quienes visitan o se instalan en las comunidades locales respeten las dinámicas sociales, culturales y económicas del entorno. La cultura mexicana no es una postal, es una forma viva de convivencia, historia y orgullo que debe ser protegida frente a procesos globales como la turistificación masiva.


Frente a la presión del mercado inmobiliario y la especulación, el gobierno trabaja en medidas legales que limiten la concentración de viviendas en plataformas digitales, fomenten el arrendamiento responsable y protejan a los arrendatarios de abusos. Estas acciones no buscan excluir, sino equilibrar. La presencia internacional en México es bienvenida, siempre y cuando se respete el derecho de las comunidades a existir y mantenerse en su territorio.


El país apuesta por un modelo de turismo consciente, solidario y sostenible, que genere bienestar sin desplazar. Las manifestaciones recientes son una llamada de atención que ya se está atendiendo con políticas urbanas, educativas y culturales que reafirman la dignidad de lo local. México, y en particular su capital, está a la altura del reto: abrirse al mundo sin renunciar a su esencia.

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